martes, mayo 24, 2011

INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA (1926 {1925})

((resumen hasta el capitulo VIII inclusive))

INTRODUCCION.

A. La angustia como libido trasmudada.

En 1894 Freud estaba influenciado por sus estudios neurológicos e intentaba expresar los datos psicológicos en términos de fisiología. Siguiendo a Fechner adopto “el principio de constancia” (el sistema nervioso tiende a reducir o mantener constante el monto de excitación). Entonces cuando en la clínica encontró que en los casos de neurosis de angustia siempre era posible comprobar cierta interferencia de la descarga de la tensión sexual, estableció q la excitación acumulada buscaba la vía de salida transformándose en angustia. Se trataba de un proceso puramente físico, sin ninguna determinación psíquica.

La angustia sobrevenida en las fobias o en las neurosis obsesivas planteó un problema, era imposible descartar en ellas la presencia de fenómenos psíquicos. En estos casos (las psiconeurosis) la razón de q se acumulase excitación no descargada era de índole psíquica: la represión, no obstante, en todo lo demás ocurría como en las neurosis “actuales” la excitación acumulada (o libido) se trasmudaba directamente en angustia.

En el Manuscrito E (1894): “la angustia ha surgido por mudanza desde la tensión sexual acumulada”.

En la interpretación de los sueños (1900): “la angustia es un impulso libidinoso q parte de lo inconsciente y es inhibido por lo preconciente”.

En la represión (1915): “después de la represión…. La parte cuantitativa (de la moción pulsional, o sea su energía) no ha desaparecido, sino q se ha traspuesto en angustia”.

En una nota en 1920 a Tres ensayos: “el hecho de q la angustia neurótica nace de la libido, es un producto de la trasmudación de esta y mantiene con ella la relación del vinagre con el vino”.

Sin embardo, ya en 1897 (carta a Fliess) comenta q considerara como factores separados lo q produce libido y lo q produce angustia.

Aquí, ya no concibe a la angustia como libido trasmudada, sino como una reacción frente a situación de peligro regida por un modelo particular. Pero aun afirma como muy posible que en el caso de la neurosis de angustia “sea el exceso de libido no aplicada el q encuentre su descarga en el desarrollo de angustia”. Este último remanente de la antigua teoría seria abandonado mas tarde.

En la 32° de sus Nuevas Conferencias de Introducción al PSA (1933) escribe q también en la neurosis de angustia el desarrollo de angustia era una reacción ante una situación traumática: “ya no afirmaremos q sea la libido misma la q se muda entonces en angustia”.

B. Angustia neurótica y angustia realista.

En su primer trabajo sobre la neurosis de angustia (1895): “la psique cae en el afecto de la angustia cuando se siente incapaz de tramitar mediante la reacción correspondientes una tarea (peligro) q se avecina desde afuera, cae en la neurosis de angustia cuando es incapaz de reequilibrar la excitación (sexual) endógenamente generada. Se comporta entonces como si ella proyectara la excitación hacia afuera. El afecto y la neurosis tienen un vinculo reciproco, el primero es la reacción ante una excitación exógena, y la segunda ante una endógena análoga.

Esta posición, sobre todo en lo referente a las fobias, fue elaborada luego en muchos escritos. Pero si se seguía pensando q en las neurosis “actuales” la angustia derivaba directamente de la libido, era difícil sostener q en ambos casos se trataba de una misma clase de angustia. Con el abandono de este punto de vista y la nueva distinción entre angustia automática y señal se aclaro todo y ya no hubo motivo para ver una diferencia de género entre la angustia neurótica y la realista.

C. La situación traumática y las situaciones de peligro.

El factor determinante de la angustia automática es una situación traumática, esencialmente, una vivencia de desvalimiento del yo frente a una acumulación de excitación, sea de origen interno o externo, q aquel no puede tramitar. La angustia señal es la respuesta del yo a la amenaza de una situación traumática, amenaza q constituye una situación de peligro. Aunque los peligros internos cambian en las distintas etapas de la vida tienen como carácter común el implicar la separación o perdida de un objeto amado, o la pérdida de su amor; esta separación o perdida puede conducir a una acumulación de deseos insatisfechos, y por ende, a una situación de desvalimiento.

La situación traumática en si es descendiente directa del estado de tensión acumulada y no descargada del q hablaba Freud hace mucho.

El inicial desvalimiento del ser humano, ya había sido expuesto en el Proyecto, cuando habla de las necesidades principales q exigen la alteración del mundo exterior y con el auxilio ajeno.

Los diversos peligros específicos capaces de precipitar una situación traumática en distintas épocas de la vida son el nacimiento, la pérdida de la madre como objeto, la pérdida del pene, la pérdida del amor del objeto, la pérdida del amor del superyó.

D. La angustia señal.

Esta ya era una noción de antigua data en Freud. En el Proyecto: “el yo restringe el desarrollo de vivencias penosas, y por ese mecanismo se limita cuantitativamente el desprendimiento de displacer; su comienzo seria para el yo la señal de emprender una defensa normal”. En la interpretación de los sueños: “el pensar tiene q tender a restringir el desarrollo del afecto por el trabajo de pensamiento a un mínimo q aun sea utilizable como señal”. En lo inconsciente esta misma idea es aplicada ya a la angustia:” una excitación en cualquier parte del parapeto dará, por el enlace con la representación sustitutiva, el envión para un pequeño desarrollo de angustia q ahora se aprovecha como señal a fin de inhibir el ulterior avance de este ultimo”. En la 25° Conferencia: “el estado de apronte angustiado brinda una señal para impedir el estallido de una grave angustia”.

De ahí no había más q un paso para esta posición tomada.

E. Angustia y nacimiento.

¿Que determina la forma en q se exterioriza la angustia? Al principio, en armonía con su concepción de la angustia como libido trasmudada considero q sus síntomas más notorios (falta de aliento y palpitaciones) eran elementos propios del acto del coito, q, a falta de una vía de descarga normal para la excitación, aparecían aislados y exagerados. (En Manuscrito E, y en Dora).

Sobre la expresión de las emociones en general, Freud en Estudios sobre la histeria (1895) comenta q “consiste en operaciones originariamente provistas de sentido y acordes a un fin”.

En 1909 Freud dijo q “todo afecto es solo una reminiscencia de un suceso”. Y en la 25° Conferencia: “el núcleo de un afecto es la repetición de determinada vivencia significativa”. Recordó la explicación q había dado sobre los ataques histéricos como revivencias de sucesos infantiles y añadió “el ataque histérico es comparable a un afecto individual neoformado, y el afecto normal, a la expresión de una histeria general q se ha hecho hereditaria”.

Ahora bien, en una nota al pie de La Interpretación, en 1908: “el acto de nacimiento es la primera vivencia de angustia, y en consecuencia, la fuente y el modelo del afecto de angustia”.

En 1923, en El yo y el ello: “el nacimiento es el primer gran estado de angustia”.

Rank argumentaba q todos los posteriores ataques de angustia son intentos de “descargar por abreacción” el trauma del nacimiento. Con similares argumentos explicaba todas las neurosis (destronando así el Complejo de Edipo). Freud acá rechazo esas concepciones y manifestó un cambio radical y definitivo de esas opiniones.

I.

Hay casos de enfermedad q solo muestran inhibiciones y ningún síntoma.

La Inhibición tiene un nexo estrecho con la función, y no necesariamente designa algo patológico. Se puede dar ese nombre a una limitación normal de la función. En cambio, síntoma equivale a indicio de un proceso patológico, entonces, también una inhibición puede ser un síntoma.

Entonces, llamamos inhibición, cuando se trata de una simple rebaja de la función, y de síntoma, cuando se trata de una desacostumbrada variación de ella o de una nueva operación.

Como la inhibición se liga a la función, se indagan las funciones del yo para averiguar las formas en q se exterioriza su perturbación a raíz de cada una de las afecciones neuróticas.

a. Función sexual: la mayoría de las perturbaciones q sufre son inhibiciones simples, resumidas como impotencia psíquica. El logro de una operación sexual normal presupone un decurso muy complicado, y la perturbación puede intervenir en cualquier punto de él. Las estaciones principales de la inhibición en el varón son: el extrañamiento de la libido en el inicio del proceso (displacer psíquico), la falta de preparación física (ausencia de erección), la abreviación del acto (eyaculación precoz), la detención del acto antes del desenlace natural (falta de eyaculación) la no consumación del efecto psíquico (ausencia de sensación de placer del orgasmo). Otras perturbaciones resultan del enlace de la función a condiciones de naturaleza perversa o fetichista.

Muchas inhibiciones son una renuncia a cierta función porque a raíz de su ejercicio se desarrollaría angustia. En la mujer es frecuente una angustia directa frente a la función sexual. La incluimos en la histeria, al igual q al síntoma defensivo del asco, q originariamente se instala como una reacción, sobrevenida con posterioridad, frente al acto sexual vivenciado pasivamente, y luego emerge a raíz de la representación de este. También muchas acciones obsesivas son precauciones y aseguramientos contra un vivenciar sexual, y por tanto no de naturaleza fóbica.

Se emplean diversos procedimientos para perturbar la función:

. El mero extrañamiento de la libido, q parece producir la “inhibición pura”

. El menoscabo en la ejecución de la función.

. Su obstaculización mediante condiciones particulares, y su modificación por desvío a otras metas

. Su prevención por medidas de aseguramiento.

. Su interrupción mediante el desarrollo de angustia toda vez q no se pudo impedir su planteo

. Una reacción con posterioridad q protesta contra ella y quiere deshacer lo acontecido cuando la función se ejecuto a pesar de todo.

b. Alimentación: la perturbación más frecuente es el displacer frente al alimento por quite de la libido, también un incremento del placer de comer. Como defensa histérica frente al acto de comer conocemos el síntoma del vomito. El rehusamiento de la comida a consecuencia de angustia es propio de estados psicóticos (angustia de envenenamiento).

c. Locomoción: en muchos estados neuróticos es inhibida por un displacer y flojera en la marcha. La traba histérica se sirve de la paralización del aparato del movimiento o le produce una cancelación especializada de esa sola función (abasia). En la fobia, el incumplimiento en los obstáculos puestos a la locomoción provoca angustia.

d. Trabajo: su inhibición nos muestra un placer disminuido, torpeza en su ejecución, o manifestaciones reactivas como fatiga (vértigos, vómitos) cuando se es compelido a proseguir el trabajo. La histeria fuerza la interrupción produciendo parálisis de órgano y funcionales. La neurosis obsesiva lo perturba mediante la distracción continua y la pérdida de tiempo q suponen las demoras y repeticiones interpoladas.

La inhibición puede tener diversas causas. En el caso de las inhibiciones neuróticas especializadas (tocar el piano, escribir), el análisis muestra q la razón de ello es una erotización hiperintensa de los órganos requeridos para estas funciones. La función yóica de un órgano se deteriora cuando aumenta su erogenidad, su significación sexual. El yo renuncia a estas funciones q le competen a fin de no tener q emprender una nueva represión, a fin de evitar un conflicto con el ello.

Otras inhibiciones se producen al servicio de la autopunición (generalmente las del trabajo). El yo no tiene permitido hacer esas cosas q le proporcionarían éxito y provecho, q el severo superyó le ha denegado. Entonces el yo renuncia a esas operaciones a fin de no entrar en conflicto con el superyó.

Las inhibiciones más generales del yo obedecen a otro mecanismo simple. Si el yo es requerido por una tarea psíquica particularmente grave (duelo), una enorme sofocación de afectos o la necesidad de sofrenar fantasías sexuales, se empobrece tanto su energía disponible q tendrá q limitar su gasto simultáneamente en muchos sitios.

Así, en la melancolía hay una inhibición general.

Entonces, las inhibiciones son limitaciones funcionales del yo, sea por precaución o a consecuencia de un empobrecimiento de energía.

Y el síntoma ya no puede describirse como un proceso que suceda dentro del yo o q le suceda al yo.

II.

El síntoma es indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada, es un resultado del proceso represivo. La represión parte del yo, quien por encargo del superyó, no quiere acatar una investidura pulsional incitada en el ello; el yo consigue coartar el devenir consciente de la representación q era la portadora de la moción desagradable (q se ha conservado como formación inconsciente).

A consecuencia de la represión, el decurso excitatorio intentado en el ello no se produce; el yo consigue inhibirlo o desviarlo.

El yo adquiere ese poder (y esa influencia sobre el ello) a consecuencia de sus íntimos vínculos con el sistema percepción, vínculos q hacen a su esencia y son el fundamento de su diferenciación con el ello. La función de este sistema P –Cc, se conecta con el fenómeno de la conciencia; q recibe excitaciones no solo de afuera, sino de adentro; y, por medio de las sensaciones de placer y displacer, q le llegan desde ahí, intenta guiar todos los decursos del acontecer anímico en el sentido del principio de placer.

Tendemos a representarnos al yo como impotente frente al ello, pero, cuando se revuelve contra un proceso pulsional del ello, no le hace falta más q emitir una “señal de displacer” para alcanzar su propósito con ayuda del principio de placer, q es casi omnipotente.

Ahora bien, la defensa frente a un proceso indeseado del interior, acontece siguiendo el patrón de la defensa frente a un estimulo exterior.

El yo emprende el mismo camino para preservarse del peligro externo e interno. En el caso de un peligro externo inicia un intento de huida, quita la investidura a la percepción de lo peligroso y luego se sustrae del campo de acción del peligro. La represión equivale a un intento de huida así. El yo quita la investidura (preconciente) de la agencia representante de pulsión q es preciso reprimir, y la emplea para el desprendimiento de displacer –de angustia- (de ahí proviene la energía para producir la señal de displacer).

Se rechaza la concepción anterior según la cual la energía de investidura de la moción reprimida se mudaba automáticamente en angustia y se sostiene q el yo es el genuino almacigo de la angustia.

De esto deriva un nuevo problema… cómo es posible q un mero proceso de debito y descarga (como lo es el retiro de investidura yóica preconciente) produzca displacer o angustia, q según sabemos solo podrían ser consecuencia de una investidura acrecentada… pues bien, la angustia no es producida como algo nuevo a raíz de la represión, sino q es reproducida como estado afectivo siguiendo una imagen mnémica preexistente.

Y si ahora preguntamos por el origen de esa angustia (o de los afectos en general), decimos q los estados afectivos están incorporados en la vida anímica como unas sedimentaciones de antiquísimas vivencias traumáticas y, en situaciones parecidas, despiertan como unos símbolos mnémicos. El acto de nacimiento, como primera vivencia individual de angustia, parece prestar rasgos característicos a la expresión del afecto de angustia.

Pero considero injustificado suponer q en todo estallido de angustia ocurra en la vida anímica algo equivalente a una reproducción de la situación de nacimiento. Ni siquiera es seguro q los ataques histéricos, q en su origen son unas reproducciones traumáticas de esa índole, conserven de manera duradera ese carácter.

La mayoría de las represiones son casos de “esfuerzo de dar caza”. Presuponen represiones primordiales producidas con anterioridad y q ejercen su influjo de atracción sobre la situación reciente.

No es posible decidir si la emergencia del superyó crea el deslinde entre “esfuerzo primordial de desalojo” y “esfuerzo de dar caza”. Como quiera q fuese, los primeros estallidos de angustia se producen antes de la diferenciación del superyó. Es verdad q la intensidad hipertrófica de la excitación y la ruptura de la protección antiestimulo constituyen las ocasiones inmediatas de las represiones primordiales.

La mención de la protección antiestimulo nos recuerda q las represiones emergen de dos diversas situaciones: cuando una percepción externa evoca una moción pulsional desagradable, y cuando esta emerge en lo interior sin mediar una provocación así. Ahora bien, protección antiestimulo la hay solo frente a estímulos externos, no frente a exigencias pulsionales internas.

Mientras nos ocupamos del intento de huida del yo, estamos lejos de la formación de síntoma. Este se engendra a partir de la moción pulsional afectada por la represión.

Cuando el yo, recurriendo a la señal de displacer, consigue su propósito de sofocar por entero la moción pulsional, no nos enteramos de nada. Solo nos enseñan algo las represiones fracasadas.

Ahí, a pesar de la represión, la moción pulsional encontró un sustituto, pero mutilado, desplazado, descentrado, inhibido. Ya no es reconocible como satisfacción. Y si ese sustituto llega a consumarse, no se produce ninguna sensación de placer, esa consumación cobra el carácter de la compulsión.

En esta degradación a síntoma del decurso de la satisfacción, la represión demuestra su poder también en otro punto… el proceso sustitutivo es mantenido lejos de su descarga por la motilidad, y si esto no se logra, se ve forzado a agotarse en la alteración del cuerpo propio y no se le permite desbordar sobre el mundo exterior: le está prohibido transponerse en acción.

… en la represión el yo trabaja bajo la influencia de la realidad externa, y por eso segrega de ella al resultado del proceso sustitutivo…

El yo gobierna el paso a la conciencia y el paso a la acción sobre el mundo exterior; en la represión afirma su poder en ambas direcciones.

III.

Entonces… hay una aparente contradicción entre la fuerza y la debilidad que presenta el yo respecto del ello.

Ahora bien, la separación del yo y el ello parece justificada, el yo es idéntico al ello, solo es un sector diferenciado en particular.

Si se produjo una efectiva bipartición entre ambos, se nos hará manifiesta la endeblez del yo. Pero si el yo permanece ligado con el ello, no es separable del ello, entonces muestra su fortaleza. Parecido es el nexo del yo con el superyó.

En el caso de la represión, es decisivo el hecho de q el yo es una organización, pero el ello no lo es. El yo es justamente el sector organizado del ello.

Si el acto de la represión nos ha mostrado la fortaleza del yo, al mismo tiempo atestigua su impotencia y el carácter no influible de la moción pulsional singular del ello. En efecto, el proceso q por obra de la represión ha devenido síntoma afirma su existencia fuera de la organización yóica y con independencia de ella. Y no solo él, sino también todos sus retoños gozan del mismo privilegio de “extraterritorialidad”; cada vez q se encuentren por vía asociativa con sectores de la organización yóica puede q los atraigan, y con esta ganancia, se extiendan a expensas del yo.

La lucha defensiva contra la moción pulsional desagradable se termina a veces mediante la formación de síntoma (conversión histérica). Pero por regla, la trayectoria es otra: al primer acto de la represión sigue un epilogo escénico largo, o q no se termina nunca; la lucha contra la moción pulsional se continúa en la lucha contra el síntoma.

Esta lucha defensiva secundaria nos muestra dos rostros contradictorios…

Por un lado, el yo (por naturaleza) debe emprender un intento de restablecimiento o reconciliación, ya q es una organización, su energía desexualizada revela todavía su origen en su aspiración a la ligazón y a la unificación, y esta compulsión a la síntesis aumenta a medida q el yo se desarrolla más vigoroso. Así, el yo intenta cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma, aprovechando toda oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su organización mediante tales lazos.

Por otro lado, en la posterior trayectoria, el yo se comporta como si pensara esto: el síntoma ya está ahí y no puede eliminarse, se impone avenirse a esta situación y sacarle la máxima ventaja posible. Sobreviene una adaptación al fragmento del mundo interior q es ajeno al yo y está representado por el síntoma, adaptación como la q el yo hace con el mundo exterior normalmente. Puede ocurrir q la existencia del síntoma estorbe en alguna medida la capacidad de rendimiento, y así permita apaciguar una demanda del superyó o rechazar una exigencia del mundo exterior. Así el síntoma es encargado poco a poco de subrogar importantes intereses, se fusiona cada vez más con el yo, se vuelve cada vez más indispensable para este.

Otras configuraciones del síntoma, (las de la NO y la paranoia) cobran valor para el yo, pero no por ofrecer ventajas, sino por la satisfacción narcisista q deparan. En la NO las formaciones halagan su amor propio con el espejismo de q ellos (como hombres puros e inescrupulosos) son mejores q otros; en la paranoia las formaciones delirantes abren un campo de acción a la fantasía difícil de sustituir.

De todos los nexos mencionados resulta q “la ganancia de la enfermedad” en el caso de la neurosis viene en auxilio del afán del yo por incorporarse el síntoma, y refuerza la fijación del síntoma. Estas ligazones de reconciliación entre el yo y el síntoma no son fáciles de soltar.

Los dos procedimientos q el yo aplica contra el síntoma se encuentran en contradicción reciproca. El otro procedimiento es menos amistoso, prosigue la línea de la represión. El yo está dispuesto a la paz y querría incorporarse el síntoma, acogerlo dentro del conjunto, pero la perturbación parte del síntoma, q sigue escenificando su papel de correcto sustituto y retoño de la moción reprimida, cuya exigencia de satisfacción renueva una y otra vez, constriñendo al yo a dar en cada caso la señal de displacer y a ponerse a la defensiva.

IV

La de Juanito es una zoofobia histérica infantil. La incomprensible angustia frente al caballo es el síntoma. La incapacidad para andar por la calle es una inhibición, una limitación q el yo impone para no provocar el síntoma-angustia.

No se trata de una angustia indeterminada frente al caballo sino de una determinada expectativa angustiada: el caballo lo morderá. Este contenido se sustrae de la conciencia y se sustituye mediante la fobia indeterminada, en la q ya no aparecen más q la angustia y su objeto.

La actitud edípica de Juanito es un conflicto de ambivalencia, un amor bien fundado y un odio igual, ambos dirigidos al padre. Su fobia es un intento de solucionar ese conflicto.

Hay otro desenlace para esto, q seria cuando una de las mociones en pugna, en general la tierna, se refuerza mientras q la otra desaparece, y solo tenemos noticias de esta otra por el carácter desmesurado y compulsivo de la ternura q nos revela q se mantiene así para tener sofocada a su contraria. Este proceso es una represión por formación reactiva (en el interior del yo). La moción pulsional q sufre la represión es un impulso hostil hacia el padre.

Ahora bien, en Juanito no hay formación reactiva. Él vio rodar un caballo, y caer y lastimarse a un amiguito con el q había jugado al “caballito”. Así podemos discernir en Juanito una moción de deseo, la q ojala el padre se cayese, se hiciera daño como el amiguito y el caballo. Un deseo así equivale a la moción asesina del complejo de Edipo.

Pero hasta ahora no hay camino q lleve desde esa moción pulsional reprimida hasta su sustituto q es la fobia al caballo.

Juanito está enamorado de su madre, es natural q temiera la venganza del padre y q su actitud frente a él fuera de angustia. Pero Juanito no siente angustia frente al padre, lo q hace q haya neurosis es única y exclusivamente, un rasgo esencial: la sustitución del padre por el caballo. Es este desplazamiento (descentramiento) lo q se hace acreedor al hombre de síntoma.

Tal desplazamiento es posibilitado o facilitado por la circunstancia de q a esa tierna edad todavía están prontas a reanimarse las huellas innatas del pensamiento totemista.

El varón adulto, admirado pero también temido, se sitúa en la misma serie q el animal grande a quien se envidia por tantas cosas pero ante el cual uno se ha puesto en guardia porq puede volverse peligroso. El conflicto de ambivalencia no se tramite entonces en la persona misma; se lo esquiva deslizando una de sus mociones hacia otra persona como objeto sustitutivo.

La desfiguración en q consiste el síntoma no se emprende en la agencia representante (el contenido de representación) de la moción pulsional por reprimir, sino en otra diversa, q corresponde a una reacción frente a lo genuinamente desagradable.

Pero ha ocurrido en Juanito algo más. Juanito no ha mostrado el carácter de la moción pulsional agresiva, chocante hacia los caballos (así solo habría mudado de objeto)

El contenido de la fobia de Juanito es la representación de ser mordido por el caballo. El hecho de q el padre haya jugado con él al “caballito” fue decisivo para la elección del animal angustiante.

Ahora bien, la representación de ser devorado por el padre es un patrimonio infantil arcaico y típico, es la expresión, degradada en sentido regresivo, de una moción tierna pasiva: es la q apetece ser amado por el padre, como objeto, en el sentido del erotismo anal.

Sabemos q la represión no es el único recurso del q se sirve el yo para defenderse de una moción desagradable. Si el yo consigue llevar la pulsión a la regresión, en el fondo la daña de manera más enérgica q con una represión.

No cabe duda de q la moción pulsional reprimida en estas fobias (lobos y Juanito) es una moción hostil hacia el padre. Puede decirse q es reprimida por el proceso de mudanza hacia la parte contraria, en lugar de la agresión hacia el padre (venganza), agresión hacia la persona propia. Puesto q una agresión de esa índole arraiga en la fase libidinal sádica, solo le hace falta todavía cierta degradación al estadio oral, q en Juanito es indicada por el ser-mordido, y en el hombre de los lobos es escenificada en el ser-devorado. Pero simultáneamente, y aparte de esto, ha sucumbido a la represión otra moción pulsional, de sentido contrario: una moción pasiva tierna respecto del padre, q ya había alcanzado el nivel de la organización libidinal genital (fálica). Es la q experimenta la regresión más vasta, y cobra el influjo determinante sobre el contenido de la fobia.

Por tanto, las dos mociones pulsionales afectadas (agresión sádica hacia el padre y actitud pasiva tierna frente a él) forman un par de opuestos. Y bien, Juanito mediante la formación de su fobia cancela también la investidura de objeto-madre tierna, de la cual el contenido de la fobia no deja traslucir nada.

En Juanito se trata de un proceso represivo q afecta casi todos los componentes del complejo de Edipo (la moción hostil y la tierna hacia el padre, y la moción tierna hacia la madre).

En lugar de una única represión nos topamos con un montón de ellas y además con la regresión.

Juanito mediante su fobia tramito las dos mociones principales del complejo de Edipo (la agresiva hacia el padre y la tierna hacia la madre). También estuvo la moción tierna hacia el padre q desempeña su papel en la represión de su opuesta, pero no puede demostrarse q fue lo bastante intensa como para causar una represión, ni q resulto cancelada después.

Entonces, el motor de la represión (en los dos casos) es la angustia frente a una castración inminente. Por la angustia de castración Juanito resigna la agresión hacia el padre; su angustia de q el caballo lo muerda puede completarse, sin forzar las cosas: q el caballo le arranque de un mordisco los genitales, lo castre. (El de los lobos renuncia por angustia de castración al deseo de ser amado por el padre como objeto sexual. Así tendría por premisa q sacrificar sus genitales).

Los contenidos angustiantes (ser mordido por el caballo y ser devorado por el lobo) son sustitutos desfigurados (dislocados) del contenido “ser castrado por el padre”. Este es el contenido q experimento la represión. En el de los lobos era expresión de un deseo q no pudo subsistir tras la revuelta de la masculinidad; en Juanito, expresaba una reacción q trasmudo la agresión hacia su parte contraria.

Pero el afecto-angustia de la fobia, no proviene del proceso represivo, de las investiduras libidinosas de las mociones reprimidas, sino de lo represor mismo; la angustia de la zoofobia es la angustia de castración inmutada, vale decir, una angustia realista, angustia frente a un peligro considerado real. Aquí la angustia crea a la represión y no al revés.

Antes decía q por obra de la represión la agencia representante de pulsión es desfigurada y la libido de la moción pulsional es mudada en angustia. Ahora bien, la indagación de las fobias demuestra lo contrario. La angustia de las zoofobias es angustia de castración del yo, la de la agorafobia es angustia de tentación. La mayoría de las fobias se remontan a una angustia del yo. En ellas la actitud angustiada del yo es siempre lo primario, y es la impulsión para la represión. La angustia nunca proviene de la libido reprimida.

Cierto es q tras la represión aparece cierto grado de angustia en lugar de la exteriorización de libido, pero no se trata de una trasposición directa de libio en angustia.

La idea de trasposición la saque del estudio de las neurosis actuales, (en una época en q todavía no distinguíamos entre procesos q ocurren en el ello y q ocurren en el yo. Halle q determinadas prácticas sexuales (coito interrumpido, abstinencia forzada) provocan estallidos de angustia y un apronte angustiado general, y esto sucede siempre q la excitación sexual es inhibida, o desviada. Y puesto q la excitación sexual es la expresión de mociones pulsionales libidinosas, no era atrevido suponer q la libido se mudaba en angustia por la injerencia de esas perturbaciones. Ahora bien, esa observación sigue siendo válida hoy.

Pero no se puede desechar q la libido de los procesos-ello experimente una perturbación incitada por la represión. En consecuencia puede seguir siendo correcto q a raíz de la represión se forme angustia desde la investidura libidinal de las mociones pulsionales.

El tema es poder armonizar esto con el hecho de q la angustia de las fobias es una angustia yóica, nace en el yo, no es producida por la represión, sino q la provoca.

No es fácil reducir estos dos orígenes de angustia a uno solo.

V

Dentro de las neurosis en las q no se presenta nada de angustia, la genuina histeria de conversión es una de ellas, sus síntomas se encuentran sin contaminación de angustia. Esto ya nos alerta para no atar muy firmemente los vínculos entre la angustia y la formación de síntoma. Pero las fobias están tan próximas a las histerias de conversión q las llamo “histeria de angustia”.

Los síntomas frecuentes de la histeria de conversión (parálisis motriz, contractura, dolor, alucinación) son procesos d investidura permanente o intermitente. Se sabe q ellos mismos participan del decurso excitatorio (perturbado), y es como si toda la energía de este decurso se hubiera concentrado en este fragmento. El dolor estuvo presente en la situación en la q sobrevino la represión, la alucinación fue una percepción en ese momento, etc.

La sensación de displacer q acompaña a la emergencia del síntoma varia en medida muy llamativa. En los síntomas permanentes desplazados a la motilidad, como parálisis y contracturas, casi siempre falta por completo; el yo se comporta frente a ellos como si no tuviera participación alguna.

En los síntomas intermitentes y referidos a la esfera sensorial, se registran nítidas sensaciones de displacer.

También de la lucha del yo contra el síntoma ya formado se recibe poca info en la histeria de conversión. Solo cuando la sensibilidad dolorosa de una parte del cuerpo se ha convertido en síntoma puede éste desempeñar un papel doble. El síntoma de dolor emerge cuando ese lugar es tocado desde afuera y cuando la situación patógena q ese lugar subroga es activada por vía asociativa desde adentro, y el yo recurre a medidas precautorias para evitar el despertar del síntoma por la percepción externa.

Los síntomas de las neurosis obsesiva…Son de dos clases, y contrapuestos…

- Prohibiciones, medidas precautorias, penitencias (De naturaleza negativa), rechazos, medidas punitorias.

- Satisfacciones sustitutivas (con disfraz simbólico).

El primero es el más antiguo, pero cuando la enfermedad se prolonga, prevalecen las satisfacciones, q burlan toda defensa.

Constituye un triunfo de la formación de síntoma q se logre enlazar la prohibición con la satisfacción, de suerte q el mandato de prohibición cobra también el significado de una satisfacción. Para esto se recurre a vías de conexión muy artificiosas. Y acá se evidencia la inclinación a la síntesis (propio del yo).

En casos extremos el enfermo consigue q sus síntomas añadan al significado originario el opuesto directo, testimonio éste del poder de ambivalencia, q desempeña un importante papel: en el caso más grosero, el síntoma es de dos tiempos, a la acción q ejecuta cierto precepto le sigue una segunda, q lo cancela o deshace, si bien no osa ejecutar su contrario.

De esto se obtiene q:

- Se asiste aquí a una lucha continuada contra lo reprimido, q se va inclinando más y más en perjuicio de las fuerzas represoras

- El yo y el superyó participan mucho en la formación de síntoma.

La situación inicial de la NO es la misma q la de la histeria: la necesaria defensa contra las exigencias libidinosas del complejo de Edipo. Y por cierto, toda NO parece tener un estrato inferior de síntomas histéricos, formados muy temprano. Empero, la configuración posterior, es alterada por un factor constitucional. La organización genital de la libido demuestra ser endeble y muy poco resistente. Cuando el yo da comienzo a sus intentos defensivos, el primer éxito q se propone como meta es rechazar en todo o en parte la organización genital (de la fase fálica) hacia el estadio anterior, sádico-anal. Este hecho de la regresión continua siente determinante para todo lo q sigue.

Ahora bien, puede considerarse otra posibilidad, q la regresión no sea consecuencia de un factor constitucional, sino de uno temporal; entonces no se hará posible porque la organización genital de la libido resulte endeble sino porq la renuencia del yo se inicio demasiado temprano, en pleno florecimiento de la fase sádica. Pero la observación analítica no favorece este supuesto y muestra, más bien, q el estadio fálico ya se ha alcanzado en el momento del giro hacia la NO. Además, esta neurosis estalla más tarde q la histeria (en el segundo periodo infantil, luego de iniciada la latencia).

Se busca la explicación metapsicológica de la regresión en una “desmezcla de pulsiones”, en la segregación de los componentes eróticos q al comienzo de la fase genital se habían sumado a las investiduras destructivas de la fase sádica.

El forzamiento de la regresión es el primer éxito del yo en la lucha defensiva contra la exigencia de la libido. El complejo de castración es el motor de la defensa, la cual recae sobre las aspiraciones del complejo de Edipo. Ahora estamos entonces, en el comienzo del periodo de latencia, q se caracteriza por el sepultamiento del Edipo y la creación o consolidación del superyó, y ya erección de barreras éticas y estéticas en el interior del yo.

En la NO estos procesos rebasan la medida normal: a la destrucción del complejo de Edipo se le agrega la degradación regresiva de la libido, el superyó se vuelve particularmente severo, y el yo, desmoronado, desarrolla en obediencia al superyó, elevadas formaciones reactivas de la conciencia moral, la compasión, la limpieza. Con una severidad despiadada y no siempre exitosa (por eso mismo despiadada), se proscribe la tentación a continuar con el onanismo de la primera infancia, q ahora se apuntala en representaciones regresivas (sádico-anales).

Es una contradicción interna el q, precisamente en aras de conservar la masculinidad (angustia de castración), se coarte todo quehacer con ellas, pero la misma solo es exagerada en la NO, porq es inherente al modo normal de eliminación del complejo de Edipo.

Ahora bien, la represión y la regresión son solo mecanismos de los q se vale la defensa, y podemos admitir uno nuevo: las formaciones reactivas q se producen dentro del yo del neurótico obsesivo y q discernimos como exageraciones de la formación normal del carácter.

Estas últimas, parecen faltar o ser más débiles en la histeria. Así, el proceso defensivo de la histeria parece limitarse a la represión: el yo se extraña de la moción pulsional desagradable y no participa en sus posteriores destinos (aunque no es tan correcto esto así, ya q el síntoma histérico significa al mismo tiempo un cumplimiento de un reclamo punitorio del superyó; pero sirve para describir el carácter universal del comportamiento del yo en la histeria).

En la NO el superyó, q proviene del ello, no puede sustraerse de la regresión y desmezcla de pulsiones allí sobrevenida (q es lo q pasa en la NO).

En el periodo de latencia, la defensa contra la tentación onanista es la tarea principal. Esta lucha produce una serie de síntomas q presentan el carácter de un ceremonial, y q exhiben ya los rasgos q en caso de sobrevenir después la enfermedad grave resaltan como tan nocivos: la colocación de la libido en los desempeños q más tarde están destinados a ejecutarse automáticamente, como el irse a dormir, lavarse, vestirse, etc.

La pubertad introduce un corte tajante en el desarrollo de la NO. La organización genital, interrumpida en la infancia, se reinstala con gran fuerza. Por una parte vuelven a despertar las mociones agresivas iniciales, y por la otra, un sector más o menos grande de las nuevas mociones libidinosas se ve precisado a marchar por las vías q prefiguro la regresión, y a emerger en condición de propósitos agresivos y destructivos. A consecuencia de este disfraz de las aspiraciones eróticas, y de las intensas formaciones reactivas producidas dentro del yo, la lucha contra la sexualidad continua en lo sucesivo bajo banderas éticas. El yo se revuelve, asombrado, contra invitaciones crueles y violentas q le son enviadas desde el ello a la conciencia.

El superyó hipersevero se afirma con más energía en la sofocación de la sexualidad cuanto q ella ha adoptado unas formas tan repelentes. Así, en la NO el conflicto se refuerza en dos direcciones: lo q defiende ha devenido más intolerante, y aquello de lo q se defiende ha devenido más insoportable; ambas cosas por influjo de un factor: la regresión libidinal.

Cuando la representación obsesiva desagradable deviene consciente, ha atravesado la represión. En la mayoría de los casos, el texto genuino de la moción pulsional agresiva no se ha vuelto notorio para el yo. Lo q irrumpe en la conciencia es solo un sustituto desfigurado de una imprecisión onírica y nebulosa. Si la represión no ha roído el contenido de la moción pulsional agresiva, ha eliminado en cambio el carácter afectivo q la acompañaba. Así, la agresión ya no aparece al yo como un impulso, sino como un mero “contenido de pensamiento” q los deja fríos.

El afecto ahorrado sale a la luz en otro lugar. El superyó se comporta como si no se hubiera producido la represión, como si la moción agresiva le fuera notoria en su verdadero texto y con su pleno carácter de afecto, y trata al yo como se debe a consecuencia de esto. El yo, q se sabe inocente, debe asumir una responsabilidad y un sentimiento de culpa q no puede explicar.

Ahora bien, la conducta del superyó es comprensible. Pero la contradicción dentro del yo nos prueba q por medio de la represión él se ha clausurado frente al ello, en tanto permanece accesible a los influjos del superyó. El yo se ahorra de percibir la conciencia de culpa mediante una nueva serie de síntomas, acciones de penitencia, limitaciones de autopunición.

Y tales síntomas son al mismo tiempo satisfacciones de mociones pulsionales masoquistas q recibieron también un refuerzo desde la regresión.

La tendencia general de la formación de síntoma en la NO consiste en procurar cada vez más espacio para la satisfacción sustitutiva a expensas de denegación (frustración). Estos síntomas q originariamente significaban limitaciones del yo, cobran más tarde el carácter de unas satisfacciones.

Así, el resultado de este proceso, q se aproxima cada vez más al total fracaso del afán defensivo inicial, es un yo extremadamente limitado q se ve obligado a buscar sus satisfacciones en los síntomas. El desplazamiento de la relación de fuerzas a favor de la satisfacción puede llevar a un temido resultado final: la parálisis de la voluntad del yo, quien, para cada decisión, se encuentra con impulsiones de pareja intensidad de un lado y del otro. El conflicto hiperintensificado entre el superyó y el ello, q gobierna esta afección, puede extenderse tanto q ninguno de los desempeños del yo (ya incapaz de mediar) se sustraiga de ser englobado en él.

VI

En el curso de estas luchas se ven dos actividades del yo en la formación de síntoma, q son subrogados de la represión (tengamos en cuenta q el yo en la NO es mucho más q en la histeria el escenario de las formaciones de síntoma, y q ese yo se atiene con firmeza a su vinculo con la realidad y la conciencia). Las dos técnicas son:

- Anular lo acontecido: esta tiene un gran campo de aplicación y llega hasta muy atrás. Es la “magia negativa”; mediante un simbolismo quiere “hacer desaparecer” no las consecuencias de un suceso (impresión, vivencia) sino a este mismo.

En la NO nos encontramos con esto sobre todo en los síntomas de dos tiempos, donde el segundo acto cancela al primero como si nada hubiera ocurrido, cuando en realidad acontecen ambos.

El ceremonial tiene en el propósito de anular lo acontecido, una segunda raíz. La primera es prevenir, para q no acontezca, no se repita, algo determinado, con “medidas precautorias” (acordes a la ratio). La segunda son las “cancelaciones”, mediante anulación de lo acontecido (son desacordes a la ratio), son de naturaleza mágica, y son más antiguas, descienden de la actitud animista hacia el mundo. Se cancela el pasado mismo, se procura reprimirlo (suplantarlo) por vía motriz. Esta tendencia explica la compulsión de repetición. La tendencia a anular el acontecimiento de una vivencia traumática se revela como una de las principales fuerzas motrices de la formación de síntoma. Así vemos una nueva técnica motriz de la defensa, o de la represión (esfuerzo de suplantación).

- Aislamiento: es peculiar de la NO. Recae también sobre la esfera motriz, y consiste en q tras un suceso desagradable se interpola una pausa, en la q no está permitido q acontezca nada, no se hace ninguna percepción ni se ejecuta ninguna acción. La vivencia no es olvidada, pero se le despoja su afecto, y sus vínculos asociativos son sofocados o suspendidos, entonces permanece ahí como aislada y ni siquiera se la reproduce en el circuito de la actividad de pensamiento.

Ahora bien, el efecto q sobreviene, es el mismo q en la histeria a raíz de la represión con amnesia. Es esta técnica, la q reproducen los aislamientos de la NO, pero reforzándola por vía motriz con un propósito mágico. Lo q aquí se mantiene separado es algo q asociativamente se copertenece; el aislamiento motriz está destinado a garantizar la suspensión de ese nexo en el pensamiento.

La persona normal emplea concentración también, para alejar lo perturbador, aquello q originariamente estuvo en copertenencia y fue degradado luego por el desarrollo (ej.: las mociones de órgano excretorios en las excitaciones amorosas). Así, el yo despliega normalmente un considerable trabajo de aislamiento para guiar el decurso del pensar. Y en el análisis hay q educar al yo para q renuncie a esa función temporariamente. Pero, para el neurótico obsesivo es muy difícil obedecer a esa regla de análisis fundamental. Su yo es más vigilante, y son más tajantes los aislamientos q emprende a consecuencia de la elevada tensión entre el superyó y el ello. En el curso de su trabajo de pensamiento tiene muchas cosas de las q defenderse. Se encuentra en un permanente apronte de lucha. Entonces apoya esta compulsión a concentrarse y a aislar, mediante acciones mágicas de aislamiento q se vuelven tan llamativas como síntomas (q son inútiles y tienen el carácter del ceremonial). Ahora bien, en tanto procura impedir asociaciones, conexiones de pensamientos, ese yo obedece a un antiguo mandamiento de la NO: el tabú del contacto. Se evita el contacto, el tacto, el contagio. El contacto físico es la meta de la investidura de objeto tierna (el eros quiere contacto, pugna para alcanzar la unión), como de la agresiva (la destrucción tiene como premisa el contacto corporal, el poner las manos encima).

No tocar el miembro, además, es el texto de la prohibición de la satisfacción autoerótica. Puesto q la NO persiguió al comienzo el contacto erótico, y tras la regresión, el contacto enmascarado como agresión, es “el contacto” el centro del sistema de prohibiciones.

El aislamiento es una cancelación de la posibilidad de contacto, un recurso para sustraer a una cosa del mundo de todo contacto, y cuando el neurótico aísla también una impresión o actividad mediante una pausa, nos da a entender q no quiere dejar q los pensamientos referidos a ellas entren en contacto asociativo con otros.

Entonces: fobias, histerias de conversión, NO. El punto de arranque de las 3 es la destrucción del complejo de Edipo; el motor de la renuencia del yo es la angustia de castración. Pero solo en las fobias sale a la luz esa angustia, es confesada.

VII

Zoofobias infantiles…

El yo acá procede contra una investidura de objeto libidinosa del ello (la del complejo de Edipo), porq comprendió q ceder a ella traería como consecuencia el peligro de la castración.

En Juanito (complejo de Edipo positivo) es la moción tierna hacia la madre la q provoca la defensa del yo y no la moción hostil hacia el padre. Estas dos mociones q se condicionan entre sí, pero solo la corriente tierna hacia la madre puede considerarse erótica pura. La agresiva depende de la pulsión de destrucción, y siempre en la neurosis el yo se defiende de exigencias de la libido, no de las otras pulsiones.

Tras la formación de la fobia la ligazón-madre tierna ha como desaparecido, ha sido radicalmente tramitada por la represión, mientras q la formación sintomática (formación sustitutiva) se ha consumado en torno de la moción agresiva.

En el hombre de los lobos, la cosa es más simple. La moción reprimida es en efecto una moción erótica, la actitud femenina frente al padre, y en torno a ella se consuma también la formación el síntoma.

Ahora bien, nunca estamos frente a mociones pulsionales puras, sino con ligas de ambas pulsiones en diversas proporciones de mezcla. Por tanto la investidura sádica de objeto se ha hecho también acreedora a q la tratemos como libidinosa, y entonces la moción agresiva hacia el padre puede ser objeto de la represión a igual título q la moción tierna hacia la madre.

Y si seguimos, en Juanito se tramita mediante la represión una moción agresiva, pero después q la organización genital ya se ha alcanzado.

Tan pronto como discierne el peligro de castración, el yo da la señal de angustia e inhibe el proceso de investidura amenazador en el ello; lo hace por medio de la instancia placer-displacer. Al mismo tiempo se consuma la formación de la fobia. La angustia de castración recibe otro objeto y una expresión desfigurada (dislocada): ser mordido por el caballo (ser devorado por el lobo), en vez de ser castrado por el padre. La formación sustitutiva tiene dos ventajas manifiestas:

- Esquiva el conflicto de ambivalencia (el padre también es un objeto amado)

- Permite al yo suspender el desarrollo de angustia.

En efecto, la angustia de la fobia solo emerge cuando su objeto es percibido. No se puede remover al padre: aparece siempre, toda vez q quiere. Pero si se lo sustituye por el animal, basta con evitar la visión, y presencia, para quedar exento de peligro y de angustia.

Por tanto Juanito impone a su yo una limitación, produce la inhibición de salir para no encontrarse con caballos.

Vemos el carácter de proyección de la fobia: sustituye un peligro pulsional interior por un peligro de percepción exterior. La ventaja es q uno puede protegerse del peligro exterior mediante huida y evitación de percibirlo (esto no vale para el peligro interior).

Ahora bien, la exigencia pulsional no es un peligro en sí misma, lo es solo porq conlleva un autentico peligro exterior, el de la castración. Entonces, en la fobia se sustituye solo un peligro exterior por otro. El hecho de q el yo se pueda sustraer de la angustia por medio de una evitación o síntoma-inhibición armoniza muy bien con el hecho de q esa angustia es solo una señal-afecto.

La angustia en las zoofobias es una reacción afectiva del yo frente al peligro; y el peligro frente al cual se emite la señal es el de la castración. La única diferencia con la angustia realista q el yo exterioriza en situaciones de peligro es q el contenido de la angustia permanece inconsciente, y solo deviene consciente en una desfiguración.

El agorafóbico impone una limitación a su yo para sustraerse de un peligro pulsional, la tentación de ceder a sus concupiscencias eróticas, lo q le haría convocar, como en la infancia, el peligro de castración, o uno análogo.

En la fobia pueden confluir muchas otras mociones pulsionales reprimidas, pero solo tienen el carácter de auxiliares. La sintomatología de la agorafobia se complica por el hecho de q el yo no se conforma con una renuncia, agrega algo más para quitar a la situación su carácter de peligroso, y este agregado es una regresión temporal a los años de infancia. Así puede andar por la calle si alguien de su confianza lo acompaña como si fuera un niñito.

La fobia a la soledad es igual, pero sin la regresión infantil, y quiere escapar de la tentación del onanismo solitario.

La fobia se establece por regla general después de q en ciertas circunstancias (en la calle, en un viaje por tren) se vivenció un primer ataque de angustia. Así reaparece toda vez q no se puede observar la condición protectora. El mecanismo de la fobia sirve como medio de defensa y para la estabilidad.

Esto de la angustia en las fobias es aplicable también a la NO. El motor de toda posterior formación de síntoma en la NO, es la angustia del yo frente a su superyó. La hostilidad del superyó es la situación de peligro de la cual el yo se sustrae. Falta acá la proyección. El peligro esta enteramente interiorizado. El castigo del superyó es un eco del castigo de castración. El superyó es el padre q devino apersonal, y la angustia frente a la castración con q este amenaza se ha trasmudado en una angustia social indeterminada o en una angustia de la conciencia moral. Pero esa angustia esta encubierta; el yo se sustrae de ella ejecutando los mandamientos, preceptos y acciones expiatorias q le son impuestos. Y cuando eso se le impide, emerge un malestar equivalente a la angustia.

Conclusión: la angustia es la reacción frente a la situación de peligro; se le ahorra si el yo hace algo para evitar la situación o sustraerse de ella. Entonces los síntomas son creados para evitar el desarrollo de angustia, o mejor dicho, para evitar la situación de peligro q es señalada mediante el desarrollo de angustia. Y ese peligro es el de la castración o algo derivado de ella.

Si la angustia es la reacción del yo frente al peligro, entonces la neurosis traumática (secuela de un peligro mortal) es una consecuencia directa de la angustia de supervivencia o de muerte, dejando de lado los vasallajes del yo y la castración.

Pero es improbable q una neurosis sobrevenga sin q participen los estratos inconscientes más profundos del aparato anímico.

En lo inconsciente no hay nada q pueda dar contenido al concepto de aniquilación de la vida. La castración se vuelve representable por medio de la separación de las heces y la pérdida del pecho, pero nunca se experimenta nada semejante a la muerte. Por eso la angustia de muerte es un análogo de la angustia de castración, y la situación frente a la cual el yo reacciona es la de ser abandonado por el superyó protector con lo q terminaría su seguro para todos los peligros.

Además cuenta el hecho de que en las vivencias q llevan a la neurosis traumática es quebrada la protección exterior antiestimulos y en el aparato anímico ingresan volúmenes hipertróficos de excitación, así q hay una segunda posibilidad: la de q la angustia no se limite a ser una señal-afecto, sino q sea también producida como algo nuevo a partir de las condiciones económicas de la situación.

Mediante la puntualización de q el yo se pondría sobre aviso de la castración a través de pérdidas de objeto repetidas regularmente obtenemos una nueva concepción de la angustia. Si hasta ahora la considerábamos una señal-afecto del peligro, vemos q se trata del peligro de castración, cómo separación, perdida.

Ahora bien, una concordancia es q la primera vivencia de angustia es la del nacimiento, la separación de la madre podría compararse con una castración de la madre (hijo=pene). Estaría bueno q la angustia se repitiera como símbolo de una separación a raíz de cada separación posterior, pero el nacimiento no es vivenciado subjetivamente como una separación de la madre, porq esta es ignorada como objeto por el feto (enteramente narcisista).

VIII

La angustia es un estado afectivo, y distinguimos en ella:

1. Un carácter displacentero especifico: porq hay otros displaceres (tensiones, dolor), q son distintos, por tanto tiene un carácter particular.

2. Acciones de descarga: en la angustia hay sensaciones corporales (en la respiración y el corazón). También hay inervaciones motrices, o sea, procesos de descarga.

3. Percepciones de estas últimas.

Los puntos 2 y 3 ya nos dan una diferencia respecto del duelo y el dolor. Las exteriorizaciones motrices no forman parte de esos estados, y cuando se presentan ahí, se separan nítidamente, no como componentes de la totalidad, sino como consecuencias o reacciones frente a ella. Entonces la angustia es un estado displacentero particular con acciones de descarga q siguen determinadas vías.

Ahora bien, en la base de la angustia hay un incremento de excitación, q por un lado da lugar al carácter displacentero y por otro es aligerado mediante las descargas dichas.

Pero esto no es todo, hay un factor histórico q liga entre si las sensaciones e inervaciones en la angustia. O sea, el estado de angustia es la reproducción de una vivencia q reunió condiciones para un incremento del estimulo y para la descarga por determinadas vías, a raíz de lo cual el displacer recibió su carácter especifico. Y una vivencia arquetípica de tal índole es en el hombre, el nacimiento. Por eso vemos en el estado de angustia una reproducción del trauma del nacimiento.

La angustia se genero como reacción frente a un estado de “peligro”. Y en lo sucesivo se la reproducirá cuando un estado así vuelva a representarse.

Pero las inervaciones del estado de angustia originario tuvieron pleno sentido y fueron adecuadas a un fin (ej.: la inervación dirigida a los órganos de respiración preparo la actividad de los pulmones); y cuando el individuo cae en una nueva situación de peligro, la reacción frente al peligro anterior es inadecuada ahora. Aunque el carácter acorde a fines vuelve a ser adecuado cuando la situación de peligro se discierne como inminente mediante el estallido de angustia. Así, esta última puede relevarse por medidas más apropiadas. Entonces, se separan dos posibilidades de emergencia de angustia:

- Una desacorde con el fin, en una situación nueva de peligro

- La otra, acorde con el fin, para señalarlo y prevenirlo.

Ahora bien, en el acto de nacimiento amenaza un peligro objetivo para la conservación de la vida. Esto en la realidad, pero carece de todo contenido psíquico, porq no podemos suponer q el feto sepa q ese proceso desemboque en la muerte. El feto solo nota una enorme perturbación en la economía de su libido narcisista. Grandes sumas de excitación irrumpen hasta el, producen novedosas sensaciones de displacer.

El feto repetirá el afecto de angustia en todas las situaciones q le recuerden al nacimiento (pero lo q hay q averiguar es por intermedio de q y debido a q es recordado).

Bien, en contra de Rank, para mí las fobias más tempranas de la infancia no admiten reconducción directa al trauma del nacimiento. Es innegable la presencia de cierto apronte angustiado en el lactante. Pero no alcanza su máxima intensidad inmediatamente tras el nacimiento para decrecer poco a poco, sino q surge más tarde, con el progreso del desarrollo anímico, y se mantiene durante cierto periodo de la infancia. Cuando estas fobias tempranas se extienden más allá de esa época, despiertan la sospecha de perturbación neurótica.

Pocos son los casos de la exteriorización infantil de angustia (cuando está solo, cuando está en la oscuridad, y cuando halla a otra persona en lugar de la madre). Los 3 casos se reducen a una sola condición: se echa de menos a la persona amada (Añorada).

Es q La imagen mnémica de la persona añorada es investida intensivamente (al comienzo de forma alucinatoria) y parece como si esta añoranza se trocara de pronto en angustia, la cual sería una expresión de desconcierto, como si no supiese q hacer con su investidura añorante. Así la angustia se presenta como una reacción frente a la ausencia del objeto (análogamente la angustia de castración tiene por contenido la separación de un objeto, y la angustia más originaria, del nacimiento, se engendro por la separación de la madre).

Ahora bien, cuando el niño añora la percepción de la madre, es solo porq ya sabe q ella satisface sus necesidades. Entonces, la situación de “peligro”, de la cual quiere resguardarse, es para él la de insatisfacción, el aumento de la tensión de necesidad, frente al cual es impotente. Esta situación, en q las magnitudes de estimulo alcanzan un nivel displacentero, establece para el lactante la analogía con la vivencia de nacimiento, la repetición del peligro; lo común a ambas es la perturbación económica por el incremento de las magnitudes de estimulo en espera de tramitación, este factor es el núcleo genuino del peligro. En ambos casos, sobreviene la angustia, q en el lactante es todavía acorde a un fin. Entonces el niño no necesita guardar de su nacimiento nada más q esta caracterización del peligro.

Ahora entonces un objeto exterior (aprehendido por percepción) pone fin a la situación de peligro q recuerda al nacimiento, y el contenido del peligro se desplaza de la situación económica a su condición, la pérdida del objeto. La ausencia de la madre deviene ahora peligro; el lactante de la señal de angustia tan pronto como se produce la ausencia, aun antes q sobrevenga la situación económica temida. Esta mudanza es el primer gran progreso en el logro de la autoconservación, y encierra el pasaje de la neoproducción involuntaria y automática de la angustia a su reproducción como señal de peligro.

En ambos aspectos (como fenómeno automático y como señal de peligro) la angustia es un producto de desvalimiento psíquico del lactante (correspondiente a su desvalimiento biológico). La coincidencia de q en la angustia de nacimiento y en la del lactante el contenido sea la separación de la madre se da porq ella había calmado todas las necesidades del feto con su cuerpo al principio, y luego del nacimiento prosigue esa misma función con otros medios. Así, vida intrauterina y primera infancia son un continuo. El objeto-madre psíquico sustituye para el niño la situación fetal biológica (sin olvidar q en la vida intrauterina no era un objeto la madre, porq no había objeto tampoco).

En esta trama no hay espacio para una abreacción del trauma del nacimiento, no vemos otra función de la angustia q la de ser una señal para evitar la situación de peligro. La pérdida del objeto como condición de la angustia persiste un tramo. La siguiente mudanza, en angustia de castración (fase fálica) es angustia de separación también, y está ligada a idéntica condición. El peligro es la separación de los genitales. La alta estima narcisista por el pene se basa en q la posesión del pene contiene la garantía para una reunión con la madre (su sustituto) en el coito. La privación de ese miembro equivale a una nueva separación de la madre, lo q implica quedar expuesto de nuevo, sin valimiento (como en el nacimiento) a una tensión displacentera de la necesidad. Pero ahora es una necesidad especializada, la de la libido genital, y no una cualquiera como en la lactancia. Aquí señalo q en el impotente (inhibido por la amenaza de castración) la fantasía de regreso al seno materno es el sustituto del coito: un individuo q en el regreso al seno materno querría hacerse subrogar por su órgano genital, sustituye ahora (en esta fantasía) regresivamente ese órgano por su persona toda.

Ahora bien, perseguimos la mudanza de la situación de peligro desde la perdida de objeto-madre hasta la castración, y el paso siguiente es causado por el poder del superyó. Al despersonalizarse la instancia parental, de la q se temía la castración, el peligro se vuelve más indeterminado. La angustia de castración se desarrolla como angustia de la conciencia moral, como angustia social. Ahora es más difícil saber a q teme la angustia. La formula “separación de la horda” solo recubre al sector posterior del superyó, desarrollado por apuntalamiento en arquetipos sociales, no al núcleo del superyó, q corresponde a la instancia parental introyectada, y q es la ira, el castigo del superyó, la perdida de amor de parte de él, aquello q el yo valora como peligro y a lo cual responde con la señal de angustia. Esta angustia frente al superyó es la angustia de muerte (de supervivencia).

Ahora bien, yo antes creía q la angustia se generaba de manera automática, pero ahora pienso q la angustia es una señal del yo hecha con el propósito de influir sobre la instancia placer-displacer. Sigue siendo correcto q el yo aplica, para despertar el afecto, justamente la energía liberada por el debito producido a raíz de la represión.

El yo es el genuino almacigo de la angustia (no hay motivo para atribuir al superyó una exteriorización de angustia). La angustia es un estado afectivo q solo puede ser registrado por el yo. En cuanto al ello no puede tener angustia como el yo, no es una organización, no puede apreciar situaciones de peligro. Es cierto q en el ello se preparan o consuman procesos q dan al yo ocasión para desarrollar angustia, de hecho las represiones más tempranas, y las posteriores, son motivadas por esa angustia del yo frente a procesos singulares sobrevenidos en el ello. Acá distinguimos entre dos casos:

- Q en el ello suceda algo q active una de las situaciones de peligro para el yo y lo mueva a dar la señal de angustia a fin de inhibirlo

- Q en el ello se produzca la situación análoga al trauma de nacimiento, en q la reacción de angustia sobreviene automáticamente.

El segundo corresponde a la situación de peligro primera y originaria, y es lo q pasa en la etiología de las neurosis actuales. El primero obedece a una de las condiciones de angustia q derivan después de la situación originaria y primera, y es característico de las psiconeurosis.

No es descartable el hecho de q en las perturbaciones, desviaciones, abstinencias, se genere directamente angustia a partir de libido, o sea, se establezca aquel estado de desvalimiento del yo frente a una tensión hipertrófica de la necesidad, q como en el nacimiento, desemboque en un desarrollo de angustia.

Así vemos q sobre el terreno de las neurosis actuales se desarrollan las psiconeurosis: el yo intenta ahorrarse la angustia, q aprendió a mantener en suspenso por un lapso, y a ligarla mediante la formación de síntoma.

Con respecto a las distintas mudanzas vistas de la situación de peligro, no tenemos q suponer q cada condición posterior de angustia destituye a la anterior. Es cierto q los progresos del desarrollo yóico contribuyen a desvalorizar y empujar a un lado la anterior situación de peligro, de suerte q una determinada edad del desarrollo recibe, como si fuera la adecuada, cierta condición de angustia. El peligro de desvalimiento psíquico se adecua al periodo de inmadurez del yo, así como el peligro de la perdida de objeto a la falta de autonomía de los primeros años, el peligro de la castración a la fase fálica, y la angustia frente al superyó al periodo de latencia. Pero todas estas, pueden pervivir lado a lado y mover al yo a cierta reacción de angustia aun en épocas posteriores a aquellas en q habría sido adecuada; o varias de ellas pueden ejercer simultáneamente una acción eficaz.

Ahora bien, la moción pulsional originaria (inhibida y apartada de su meta por represión) se conserva en lo inconsciente, y resiste a los influjos alteradores y desvalorizadores de la vida, ya q hallamos q sus retoños, los síntomas, son eficaces, pero de ahí queda por saber si el viejo deseo sigue teniendo efectos solo a través de sus retoños, a los q transfirió toda su energía de investidura, o si además se conservo el mismo. Si se agotaría en la investidura de sus retoños cabria la posibilidad de q en el circuito de la neurosis fuera reanimado por regresión.

Concluyendo: la angustia de castración es el único motor de los procesos defensivos q llevan a la neurosis. En la mujer la situación de peligro de la perdida de objeto sigue siendo eficaz, porq más q la ausencia o pérdida real del objeto, se trata de la perdida de amor de parte del objeto. Y teniendo en cuenta q la histeria es más frecuente en la feminidad, y la NO en la masculinidad, ello nos sugiere q la perdida de amor como condición de angustia desempeña en la histeria un papel semejante a la amenaza de castración en las fobias, y a la angustia frente al superyó en la NO.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Crack!

Susana Botero V. dijo...

¡Muchísimas gracias! No sabes cuánto me sirvió.

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